HAY QUE REVALORIZAR LA PALABRA

La palabra, es la herramienta más formidable con que contamos los seres humanos para comunicarnos y si bien esto que digo no encierra nada nuevo para quienes lean este artículo, creo que deberíamos detener el análisis en la necesidad actual de revalorizar la palabra como modo y manera de avanzar hacia una reconstrucción social.-

En efecto, el valor de la palabra ha cambiado según la época en la que se la estudie. Por ejemplo en el Imperio Romano, la palabra tenía un gran valor y al igual que el honor, la decencia y otros atributos humanos, constituía un verdadero documento escrito de mayor valor y solvencia que las mismísimas escrituras públicas de nuestros tiempos.-

Los romanos de entonces celebraban actos solemnes como el casamiento, la tradición de bienes inmuebles y en suma practicaban los actos jurídicos de la época, valiéndose de la palabra.-

El transcurso del tiempo y la “evolución de las sociedades”, ha ido desvirtuando y hasta envileciendo el valor de la palabra; a tal punto que las promesas o los compromisos verbales, han perdido gran parte de su significación en la vida moderna.-

La mentira, que es la gran enemiga de la palabra, ha ganado terreno dentro de una sociedad cada vez más vacua y falta de contenidos y la política, ciencia que como se ha repetido hasta el hartazgo es el arte de lo posible, se ha convertido en un verdadero caldo de cultivo para que suba el precio de la mentira y disminuya el de la verdad.-

Cuando Cristina Fernandez de Kirchner asumió la Presidencia de la Nación, al dar su discurso inaugural, dejó en claro la importancia y el poder de la palabra; pues con una capacidad oratoria, digna de la mejor envidia, puso de resalto que la palabra es en los hechos la transmisión más genuina de un pensamiento y de allí que poseer el don del buen discurso, permite en este caso a un político comunicar fluidamente sus ideas.-

Pero esa admiración por el discurso de la Señora Presidente, que no ocultaré sentí en aquellos últimos días de 2007, fue decreciendo de forma geométrica cuando advertí que esas encendidas diatribas y armónicos fraseos carecían de correlato con la ejecución y por ende bastardeaban y hasta denostaban el sagrado sentido del compromiso.-

Hospitales de alta complejidad, (siete recuerdo), mejoramiento de las vías de comunicación de las zonas rurales, trenes bala, y bueno tantas cosas más, se fueron esfumando como el humo de un cigarrillo que luego de un tiempo deja sólo cenizas como testimonio de su existencia.-

Estas palabras, pronunciadas tal vez con la mejor intención de contener y hasta alegrar a un pueblo ávido de realizaciones son las que habría que pensar antes de pronunciarlas, pues son las que contribuyen día a día a que precisamente este don de Dios, valga cada vez menos.-

El año próximo los argentinos volveremos a elegir a nuestros futuros gobernantes y mi reflexión es: Que bueno estaría que alguno de los partidos políticos o de los candidatos aspirantes formule en su campaña electoral diez compromisos de realización para su gestión; pero que además de hacerlo, lo avale con la condición de renunciar al cargo si no cumple esas promesas en tiempo y en forma.

 

Claudio PARAMIO.

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