¡QUE MAL EDUCADOS!

Argentina fue, durante las primeras décadas del siglo pasado, una de las naciones con mejor nivel educativo de la tierra; sin dudas pionera en toda la región.

Con sus más y con sus menos, nuestro País marcó derroteros en aquellas épocas; ora en la cultura, ora en la economía, ora como sociedad organizada.

Así es que no se entiende como hoy, estamos tan relegados como País. Tan fuera de la “conversación mundial” entre países que con muchísimas menos ventajas comparativas que las nuestras, , ocupan hoy sitios de privilegio en el concierto de las naciones.

La educación es primordial señores, es la base del desarrollo, el sustento de la convivencia y el fundamento del progreso,  así que lo que nos pasa por estos días a los argentinos, no es casual.

Una deliberada política de concentración poblacional en derredor de las grandes urbes, acompañada por la pauperización de la clase trabajadora y su consecuente masificación; aunado todo ello a una inducida desinformación y provocada ausencia de educación,  podríase decir que son los signos distintivos de los últimos lustros vividos en la República. Y cuando digo que esto no es ni ha sido casual, me estoy refiriendo concretamente a inescrupulosas -técnicas electoralistas- que ven en la masa y en su manejo, la única posibilidad de “legitimar en las urnas” desmedidos apetitos políticas y personales.

Un pueblo educado y culto es tremendamente más difícil de manipular que uno ignorante y hambriento. Y esto lo saben de sobra nuestros políticos actuales, quienes han apuntado a este último modelo como modo y manera de perpetuarse en el poder.

Debemos urgente e inexorablemente desandar el camino y apostar a la educación como la única inversión perenne y única fuente de desarrollo genuino de nuestro pueblo.

El ejemplo de 2002 debe servirnos. Entonces, atribulados por una devastadora crisis económica y social que taló los huesos mismos de nuestra nacionalidad, los argentinos no atinábamos siquiera a atisbar de qué forma salir del pozo en que habíamos caído; pero sin embargo bastaron dos buenas cosechas y un poco de viento a favor en el plano internacional, para que recuperásemos rápidamente la vertical y nos irguiésemos nuevamente como nación. Pero atención, lo que no vamos a poder recuperar en dos cosechas, es la falta de educación y la carencia absoluta de planes inteligentes de estudio, con contenidos modernos, probos y útiles que nos permitan volver a poner de pie a generaciones de jóvenes que hoy están irremediablemente postradas y condenadas al fracaso y al ostracismo social.  

Claudio PARAMIO.

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