LOS GRANDES OLVIDADOS

En esta semana los argentinos recordamos el comienzo de la más larga y sombría noche de nuestra historia.
Por iniciativa del actual Gobierno de la Nación, el día 24 de marzo ha sido declarado feriado nacional y las distintas agrupaciones que nuclean a los defensores de los derechos humanos, tuvieron oportunidad de reunirse y de expresarse repudiando aquellos execrables crímenes de finales de la década de los setenta y principio de los ochenta.
Pero al observar las manifestaciones públicas, las que todos los años me producen la misma nostalgia y desazón que deriva de la impotencia y del recuerdo, pensé que había grandes olvidados en estas letanías y que también sería justo que la sociedad los recuerde.
A principio de los años setenta, comenzó en nuestro país una formidable escalada de violencia, instalada en la mayoría de las veces por una izquierda tan imberbe como irresponsable que fue atravesando el corazón mismo de nuestra sociedad.
Jóvenes seducidos por cantos de sirena provenientes de dirigentes de extremas fueron encontrando cada vez más adeptos, al amparo de un gobierno que por entonces abrió graciosamente las puertas de las cárceles de la República el día 25 de mayo de 1973 y nunca puso obstáculos ni reparos para que la población civil se armase y comenzase a canalizar sus reclamos por las vías de hecho.
A esta escalada terrorista le siguió, en pleno gobierno constitucional de Isabel Perón, una respuesta oficial tan feroz y despiadada como ilegítima que rebalsó literalmente, el escenario de la furia desatada.-
Esta satánica batalla del horror protagonizada por el E.R.P., Montoneros, la Triple A, y siguen firmas, intentó ser conjurada con más violencia aún y así fue que el gobierno militar de facto, encabezado por el General Videla, apelando a los métodos más crueles y repugnantes inició una verdadera cacería humana que epilogó en la desgracia mayor que recuerde el pueblo argentino; más de treinta mil desaparecidos.
El avenimiento de la democracia, puso en acto un caluroso reclamo de la civilidad y así fue como a sólo cinco días de asumido el gobierno, el Presidente Alfonsín anunció la promoción de juicios penales comunes para todos los implicados en esta  cruenta lucha. Un caso único en la historia de la humanidad, precisamente por las características legales de los juzgamientos, en los que se respetó el derecho de defensa en juicio, el debido proceso, la igualdad ante la ley, el juez natural, etc.-
El Fiscal de la Nación, Julio César Strassera, fue el encargado de sentar en el banquillo de los acusados a todos los genocidas de la hora; y Ernésto Sábato, a través de La Conarep, junto a probos y calificados colaboradores, develó las páginas de la mayor tragedia argentina.
Ahora bien, hecho este suscinto raconto de situación, con el que se puede coincidir en mayor o menor medida según desde el prisma que se mire, es bueno preguntarse si en estos días de recordación y memoria, de reflexión y repudio los argentinos nos hemos acordado de todas aquellas víctimas inocentes que, producto de la violencia de izquierda o de derecha, hoy yacen en las frías tumbas reservadas para muertes tan absurdas e injustas como incomprensibles. Si además de haber rendido el merecido homenaje a todos aquellos caídos por el fuego de los fuciles de la “oficialidad”, nos acordamos de todos los otros que murieron por las bombas o emboscadas asesinas de monstruos que aún hoy caminan libres por las calles de nuestra Patria.-
Y también digo, qué poco espacio de homenaje hemos brindado en este día 24 de marzo a la figura del Dr. Raúl Alfonsín, único artífice de los juicios a las  juntas militares y a todos sus cuadros de la oficialidad, pues si otro hubiese sido el signo político triunfante en las elecciones de 1983, por caso el Dr. Italo Luder y Erminio Iglesias por ejemplo, otra hubiera sido la suerte de quienes por entonces reclamábamos justicia y castigo como única fuente de pacificación y concordia. Y se podrá decir con razón que también Alfonsín impulsó la ley de obediencia debida y punto final, pero lo que no debemos olvidar los argentinos, es que fue aquel gobierno de los albores de la democracia,  el que con el procedimiento adecuado, (defensa de los imputados, principio de legalidad), juzgó y condenó a los genocidas de esta historia que aún nos duele.
También el Fiscal Strassera ha caído en el olvido, pese a que por su capacidad y valentía, la democracia ejercitó uno de sus más sagrados derechos cual es el de la justicia.
Hoy, a treinta y cuatro años de aquella masacre, son muchos los que pavoneándose en los frívolos escenarios o en las vacuas ferias de los medios de comunicación, se apropian indebida y -políticamente- de los derechos humanos como si éstos fueran patrimonio exclusivo de quienes ocasionalmente detentan parcelas de poder en la Argentina.
Como colofón, guardo para mí una frase dicha por estos días, precisamente por el Fiscal Strassera, a la que adhiero plenamente: “Me repugna el uso político de los derechos humanos”

Claudio PARAMIO.

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